El deseo de toda madre es que su hija aprenda a controlar sus demonios {Isabelle - Nastia}

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El deseo de toda madre es que su hija aprenda a controlar sus demonios {Isabelle - Nastia}

Mensaje por Anastasia Valentina Gusse el Jue Feb 13, 2014 7:51 pm

13/02/2014 - 22.28 - Mansión Byington


Había sido un día extenso, al menos para la percepción que tenía Anya sobre el mismo, probablemente por la falta de descanso a causa de algo que no nombraría en su mente, no por un largo rato, pues había estado en su cabeza desde el día anterior y no había dado un descanso a la estructurada y complicada mente de la nigromante, que había comenzado a tomar la nigromancia como un problema más serio de lo que ya había considerado previamente, y se preguntaba en cuánto podía afectar aquello a su madre y a su abuela, que estaban destinadas a ese lazo irrompible que las unía desde que Anya había desarrollado su poderoso y desconocido don, desertar muertos de sus tumbas. Muertos que , por lógica, nunca descansarían en paz... ¿Era acaso su don una abominación tal que era un ataque constante a la ley  de la mortalidad que la naturaleza había impuesto? ¿O había que considerar  la idea de que una vez cumplidos sus deseos, los muertos volvieran a su estado inmóvil una especie de excusa para sus capacidades macabras?....No era demasiado consolador para un hijo saber que su hijo tras proteger a una nigromante permaneciera arrojado en el suelo de cualquier casesucha, dejando su tumba como algo que había sido profanado sin arreglo. Anastasia suspiró, no era de su agrado pensar ese lado oscuro de su don, su es que existía acaso, un lado luminoso del mismo. Sin embargo, no estaba en condiciones de afirmar que su don le desagradaba o que preferiría poseer otro, a pesar de todo, se encontraba aunque consciente, conforme con lo que era y con lo que había nacido, porque ello, era la herencia de sus padres, los reales y no los de sus sueños, que le habían heredado una carga importante, pero a su vez, una enorme capacidad de decisión. Pues es era lo que tenía, lo que era, pero ahora tocaba decidir que hacer con ello...Asintió, pues sabía que no tenía más intenciones que hacer lo correcto en su sentir meramente altruista con todo lo que estuviera en sus manos, haciendo uso, incluso, de lo incontrolable.
Tronó su cuello con un simple movimiento al salir de la mansión a lo que será el patio trasero, nada a su alrededor parecía estar despierto, o en casa al menos, era hora de practicar, aunque no estaba segura de donde comenzar, lo intentaría de todos modos.

-"Antes que nada necesitas relajarte"-

Se dijo a si misma en su interior y no se le ocurrió mejor idea que peinar con la mirada la mansión Crowley, aquel pensamiento que la había invadido desde la noche anterior, volvió a fundirse en su mente como si fuera una niebla imparable, dio un paso adelante como si con eso fuera capaz de notar más, pero aquel joven no se hizo visible en la oscuridad, no parecía haber nadie en casa. Nastia solo fue capaz de suspirar intentando, una vez más, descartar ese pensamiento de su mente.

-"¿Por qué piensas tanto en él? A penas lo conoces
Silencio, intento concentrarme"-


Afirmó y fue sentencia, pues las voces de su mente se fundieron en una discusión astuta y vivaz , hasta volverse tan solo un susurro imperceptible. Sus ojos cerrados sellaban el pacto con la parca, sus manos abiertas se aliaban con la tierra que comenzaba a abrirse en algún sitio oscuro del cementerio de Salem, no era capaz de verlo pero lo sentía, mientras su rostro se movía muy lentamente de un lado a otro y ella acompasaba su respiración con los latidos suaves de su corazón, mientras comenzaba a caer en aquel trance del que muchas veces no era capaz de salir, una mano se deslizaba por la tierra dejando caer los vestigios de esta sobre el ataúd destrozado.

-"Pasos ¿Por qué escucho pasos?...Algo está mal."-

-Abre los ojos Nastia-
Le gritó aquella voz de ultratumba, aquella voz que recordaba ahora mucho mejor tras tantos sueños, el impostor, quien creía ser su padre, le estaba gritando que abriera los ojos y sin dudas, lo hizo. Sus ojos se abrieron de par en par, justo al momento que su corazón galopó de forma acelerada, desesperada...Urgente. Unos segundos duró aquella adrenalina, cuando el rostro de su madre se hizo parcialmente visible a la luz de la luna. Un suspiro de alivio ahogado se escapó de sus labios.

-Me matarás de un infarto-
Le cuestionó encorvando su cuerpo y posando una mano en su pecho, intentando tranquilizar su corazón galopante.


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